Sesgos STEM en el siglo XXI: el problema que no vemos

En esta serie vamos a poner luz sobre los sesgos de género que siguen presentes en la ciencia en pleno siglo XXI, y que actúan como barreras invisibles para miles de niñas que a menudo se quedan fuera antes incluso de imaginarse dentro.

Cómo la cultura digital moldea las expectativas de las niñas sobre la ciencia y la tecnología

Aunque solemos pensar que la ciencia y la tecnología son espacios neutros, la realidad es que la cultura digital actual, las redes sociales, la música, los modelos de éxito y la estética dominante, está moldeando silenciosamente las expectativas que las niñas construyen sobre sí mismas. Y esas expectativas influyen directamente en si se ven, o no, dentro de las profesiones STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).

En esta serie hablaremos de sesgos actuales, profundamente ligados al ecosistema digital: Sesgo de la imagen, del contenido algorítmico, de la perfección, del éxito femenino, del “modelo único”.

El sesgo de la imagen y la excepcionalidad femenina en redes aleja a las niñas de la ciencia y la tecnología al mostrarles referentes que no forman parte de su realidad cotidiana.

Algunos datos clave sobre la brecha de género en ciencia y tecnología

Las niñas no se proyectan en la ciencia y la tecnología porque la cultura digital les muestra modelos femeninos centrados en la estética y referentes científicos demasiado extraordinarias como para resultar cercanas. Esta combinación genera distancia, no identificación y tiene impacto directo en la elección de estudios:

  • El 60% de las niñas de 12 a 16 años no se ve dentro de carreras STEM, pese a tener notas iguales o mejores que los niños (UNICEF).
  • Solo el 35% del alumnado en carreras STEM en Europa son mujeres (Eurostat).
  • En España, solo el 13% del alumnado en ingeniería informática son mujeres (Ministerio de Universidades).
  • En inteligencia artificial, solo el 22% de profesionales son mujeres (UNESCO).
  • El 80% del contenido viral protagonizado por mujeres en redes está vinculado a estética, moda o lifestyle, no a capacidad o conocimiento (análisis global de tendencias).

La combinación es clara:

  • La imagen femenina se asocia a estética.
  • La imagen femenina en ciencia y tecnología se asocia a lo extraordinario.

Resultado: Las niñas no encuentran un punto intermedio donde reconocerse.

Sesgo de la imagen en redes sociales: cuando la apariencia pesa más que el talento

La presión por encajar en un ideal estético consume tiempo, energía y autoestima, y puede desplazar otros intereses como la curiosidad científica, la creatividad o la exploración tecnológica.

“Tu valor está en cómo te ves”

En redes sociales, los contenidos más premiados por los algoritmos muestran a mujeres: sexis, delgadas, maquilladas, complacientes, centradas en lifestyle

Esto no es casual: los algoritmos priorizan aquello que genera más clics, más comentarios y más tiempo de visualización. Y, en la cultura digital actual, la apariencia femenina vende más que la inteligencia femenina.

Este sesgo de género se refuerza cada día en TikTok, Instagram o YouTube, donde la visibilidad femenina está profundamente ligada a la estética.

Ejemplos del día a día

Retos como #GlowUp o #HotGirlSummer. Transmiten que el éxito personal pasa por “mejorar” la apariencia.

Filtros que afinan la cara o cambian la piel. Generan un estándar imposible donde casi ninguna cara es real.

Vídeos de “antes/después” basados solo en maquillaje o ropa. La versión valiosa es siempre la embellecida.

Influencers cuya relevancia depende de su imagen. La interacción aumenta cuando muestran su cuerpo, no cuando muestran su capacidad.

El sesgo de la excepcionalidad: la otra cara del sesgo de la imagen.

El sesgo de la imagen no solo actúa mostrando a mujeres centradas en la estética. Actúa también mostrando la ciencia y la tecnología únicamente a través de mujeres extraordinarias.

Cuando la ciencia aparece en sus pantallas, suele hacerlo a través de figuras brillantes, premiadas, excepcionales. Mujeres que han logrado hitos enormes, que han roto techos y que encarnan la excelencia en su nivel más alto.

Pero lo extraordinario no genera identificación. Genera distancia.

Cuando la única representación femenina en ciencia y tecnología es la de mujeres excepcionales, o la de mujeres cuya contribución llegó desde experiencias vitales extremas, el mensaje que reciben las niñas no es que no sean capaces, sino que la ciencia está demasiado lejos de su realidad cotidiana.

Consecuencia del sesgo de la imagen y la excepcionalidad

Las niñas aprenden que la validación llega por la apariencia, no por la inteligencia. Y si creen que su valor está en cómo se ven, no en lo que piensan, es menos probable que se imaginen en profesiones donde el pensamiento es lo central, como la ciencia, la tecnología o la ingeniería.

Este sesgo de género, amplificado por la cultura digital, contribuye a que muchas niñas no se proyecten en carreras STEM, incluso cuando tienen talento, curiosidad y capacidad.

La ciencia y la tecnología aparecen como espacios reservados para la élite, no para la curiosidad cotidiana. Este es un sesgo de imagen tan potente como el estético.

Llamada a la acción

Revisemos qué mostramos, qué amplificamos y qué dejamos fuera. Hagamos visible el talento femenino en todas sus formas. Construyamos pantallas, digitales, sociales y culturales, donde las niñas puedan reconocerse como científicas, ingenieras, tecnólogas o matemáticas.

Porque la igualdad no empieza en la universidad ni en el mercado laboral. Empieza mucho antes: en lo que ven, en lo que imaginan y en lo que creen que pueden llegar a ser.