Lo que aprendí en Kenia sobre belleza, comunidad y el valor del agua
Estuve en Kenia hace unos años, en un viaje que sigue muy presente. Fui como tantas personas: buscando la magia del Maasai Mara. Gracias a Mamá Kasinde, aquel viaje no terminó allí; creó un compromiso que crece con cada proyecto y que este año se vuelve agua para Iltalala
La belleza salvaje del Maasai Mara
Encontré amaneceres imposibles de reflejar en una acuarela, y mira que lo intento, manadas enteras moviéndose como si respiraran juntas, una familia de guepardos tan elegante que parecía deslizarse más que caminar, y elefantes en familia cuidándose con una ternura que desarma, como esa madre y su pequeño que aún puedo ver cuando cierro los ojos. Hay escenas que no se olvidan, no solo por lo que ves, sino por lo que despiertan. Belleza y vértigo que aparece cuando la naturaleza recuerda que no tienes el control.
La vida sin filtros: safari y orfanato
Maasai Mara es un espectáculo indescriptible, te deja sin palabras. Los turistas llegamos allí para sorprendernos, para emocionarnos, para sentir que estamos viendo “la vida en libertad”. Y es verdad: lo que se vive allí es una barbaridad de sensaciones. Recuerdo una cacería de dos leonas. La estrategia, la coordinación, la tensión del silencio. La contradicción de admirar algo tan bello y tan duro a la vez. Y la certeza de que esa es la vida: cruda, perfecta, inevitable… y a veces, incluso, justa. Aquella tarde las leonas no lograron cazar y los facóqueros escaparon, recordando que en la vida nada está garantizado, que todo es verdad.
Y, curiosamente, esa misma verdad la viví también fuera de la épica del Maasai Mara. En un orfanato, donde la emoción era lo cotidiano: las manos pequeñas que buscan cariño, las miradas que piden atención, niños y niñas que han atravesado situaciones muy difíciles, historias que ninguna infancia debería cargar. Allí también todo es de verdad. Solo que la verdad tiene otra cara: la de la alegría, que les permite olvidar lo que han tenido que vivir demasiado pronto.
En el safari, la vida se muestra sin filtros: la belleza, la fuerza, la lucha por sobrevivir. En el orfanato de Bamba, la vida también se muestra sin filtros: la fragilidad, la necesidad, la ternura que sostiene lo que falta. En un lugar te sobrecoge la naturaleza; en el otro, te sobrecoge lo mejor de la humanidad. Y en ambos, de formas distintas, sientes lo mismo: que estás frente a algo esencial, algo que te toca y te cambia, algo que te obliga a actuar.
Esa experiencia te hace un clic por dentro: el mundo necesita cambiar… y ese cambio empieza en lo pequeño, sin pretender abarcarlo todo. No se trata de perseguir un objetivo utópico sino de uno concreto, real, sostenido; sin imponer soluciones. De acompañar sin modificar lo esencial de cada lugar, de sumar sin ocupar, de respetar los ritmos y las decisiones de quienes viven allí. Al final, el cambio siempre empieza así: de lo pequeño a lo grande.
Y en ese camino proyectos como Ayúdame3D: «Ayudar es demasiado fácil como para no hacerlo» recuerdan que cada gesto, por pequeño que parezca, puede transformar una vida.
Iltalala no es un destino turístico: es una comunidad que late. Un punto del mapa donde la vida se sostiene con lo que hay, con lo que se comparte, con lo que se cuida. Y para Mama Kasinde, Iltalala es más que eso. Una comunidad que les ha trasladado sus necesidades y sus prioridades, y que ha permitido algo que es la base de cualquier proyecto humano: la confianza. Por eso quieren compartirlo, no para mostrar un destino, sino para atender lo que la propia comunidad ha pedido. Para acompañar sin invadir, para sumar sin sustituir, para responder a demandas reales que nacen de dentro y no de fuera.
El agua como frontera
Allí, el agua no es un recurso: es una frontera. Una frontera entre ir a la escuela o no. Entre vivir en su comunidad o alejarse kilómetros. Entre tener ganado, y por tanto futuro, o perderlo todo.
La sequía.
En Iltalala la sequía marca el ritmo de cada día. Cuando el agua falta, falta todo: falta futuro, falta salud, falta estabilidad. Los hombres caminan horas para buscarla lejos de casa. Las mujeres cargan con el peso de la vida cotidiana. Y muchos niños y niñas dejan la escuela para ayudar a sus familias a sobrevivir.
Agua para tod@s
Por eso este año nos unimos a la campaña Agua para tod@s de Mama Kasinde. Para ayudar a construir y abastecer un estanque de agua para la comunidad Masai de Iltalala. Para que el ganado, su sustento, su cultura, su vida, pueda beber. Para que las familias no tengan que caminar kilómetros. Para que los niños y niñas puedan seguir estudiando. Para que la comunidad tenga un mañana que no dependa de la sequía.
Y es aquí donde Mama Kasinde nos invita a pasar de la emoción a lo concreto: elegir cuánta agua queremos llevar a Iltalala. Porque cada litro cuenta. Porque cada gesto suma. Porque cada persona puede decidir cuánta vida quiere compartir.
Si algo aprendí en Kenia es que los cambios grandes empiezan así: con un gesto pequeño que se convierte en agua. Y con agua, en futuro.
La forma Maasai (con doble “a” y sin tilde) es la denominación propia del pueblo Maasai y la forma más utilizada en contextos culturales, antropológicos y geográficos.

